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Ahora, reconciliar a todos los peruanos

Luego de estas históricas elecciones, ahora queda unir nuevamente al país. 

Ollanta Humala y Keiko Fujimori | Foto: difusión
Ollanta Humala y Keiko Fujimori | Foto: difusión

Ollanta Humala ha ganado la segunda vuelta de las  elecciones generales de ayer y es el próximo Presidente de la República. Se acaba de esta manera una de las elecciones más accidentadas de que tenga memoria el país en su reciente historia democrática. Pero no es el momento ya de hacer señalamientos poco oportunos. Es hora de voltear la página y mirar hacia adelante, en pos de que el país continúe su crecimiento y no se detenga ninguno de sus sectores productivos.

Pero hay que hacer también una necesaria salvedad: tanto los votos que obtuvo Humala como su derrotada adversaria Keiko Fujimori son votos prestados. Se los dio una desconcertada población que, en su mayoría, no votó por ellos en la primera vuelta y que optó por él para impedir que ganara su rival. Significa esto que la base de apoyo del presidente electo no es lo suficientemente sólida como para que haga el gobierno ideal que él pretende. 
 
Esto es bueno y malo a la vez. Bueno, porque se pondrá un freno a las eventuales tentaciones populistas que tanto se han advertido en los últimos años. Las vallas que se le han colocado en los últimos tiempos limitan su margen de acción. Y es malo porque el próximo Jefe de Estado puede ver frustrada la puesta en marcha de planes que son realmente necesarios. La mitad de la votación que ha conseguido Humala lo pone frente a la otra mitad que votó por Keiko Fujimori. Las expectativas de esas personas también son legítimas, así como lo son las exigencias y la supervisión que harán.
 
Otro aspecto que debemos tener en cuenta es el embalse de expectativas. Casi todo el país, donde ha ganado Humala, planteará demandas inmediatas ocasionadas por el deseo de que el nuevo gobierno cumpla con lo prometido y les solucione problemas atávicos. Esto puede resultar peligroso en la medida en que las cosas no ocurren con el solo chasquido de los dedos. Hay que esperar y, sobre todo, saber esperar. 
 
Las autoridades, los líderes de opinión, la prensa y los políticos deben ahora trabajar por un objetivo de corto plazo: reconciliar a los peruanos, calmar las aguas, aquietar a los demandantes y bajarle el tono a la crispación ocasionada por la pasión política.
 
No es bueno que compatriotas que comparten el mayor rasgo común, la nacionalidad, nos enfrentemos por cuestiones que pueden resolverse con el diálogo y la tolerancia.
 
Es hora de mirar hacia delante, repetimos. Es tiempo de abrazarnos todos en torno al gran proyecto de hacer de este país el lugar que pretendemos, sin espacios para el racismo, el insulto y la intolerancia. 
 

 

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