Una nueva oportunidad
Fecha: 2017-01-08 15:10:53
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UNA OPORTUNIDAD QUE NO DEBEMOS PERDER


En los últimos tiempos, muchas veces se ha recurrido a la convocatoria del Acuerdo Nacional para despejar señales de crisis que ponían en riesgo la estabilidad institucional. En realidad cada una de esas reuniones parecía una carta sacada de la manga de un prestidigitador antes que una decisión estratégica. Por eso esa instancia ha perdido credibilidad y legitimidad social y ha pasado a ser vista como un mecanismo inocuo y casi decorativo.


Esta semana se volvió a reunir el Acuerdo Nacional para abordar el álgido tema de la inseguridad ciudadana y se planteó medidas que contribuyan a reducir el alto nivel de victimización que aqueja a nuestro país. Pero, después de las delaciones de altos ejecutivos de Odebrecht quienes, tras acogerse a beneficios de la confesión sincera, han develado los esquemas de corrupción aplicados por esta corporación brasileña transnacional en el Perú, el tema principal de la agenda pública es el de la lucha anticorrupción.


Así de vertiginosa es la dinámica de la política y si una entidad no se pone al ritmo de estas peripecias corre el riesgo de perder vigencia y legitimidad. Al no acertar en la elección y jerarquización de la agenda, el Acuerdo Nacional está en camino de convertirse en una instancia intrascendente y banal.


El acuerdo nacional es como un último expediente utilizado para tramontar crisis que ponen en jaque al sistema o para implementar procesos de transición como ocurrió con el Pacto de la Moncloa en España o el acuerdo de punto fijo en Venezuela, cuando este último país se gobernaba con escrupuloso celo democrático. ¿Cuál es el asunto que actualmente plantea el mayor riesgo contra la convivencia democrática y amenaza con romper la línea de sucesión democrática inédita en la historia republicana de nuestro país? Evidentemente que el caso Lavajato y sus intrincados tentáculos ejercidos por Odebrecht en el curso de los tres últimos gobiernos.


La anticorrupción ha pasado a ser un tema de supervivencia de la institucionalidad al convertirse en un factor que erosiona la credibilidad, legalidad y legitimidad del sistema institucional. Casi nadie ha quedado exento de la sombra de duda y en un estado de ánimo colectivo de permanente suspicacia no se puede gobernar establemente.  Esta es la coyuntura propicia para convertir la lucha anticorrupción en el eje articulador de la política de Estado.


Cada cierto tiempo los estados por factores externos o internos que amenazan su estabilidad tienen que reinventarse. Así, por ejemplo, en Francia se transita por la denominada quinta república. Esta es una circunstancia histórica que nos plantea el reto de forjar un nuevo pacto social que no solo pasa por el cambio de Constitución sino por una nueva escala de valores en el manejo de la cosa pública.


El país no está para juegos de simulaciones. El Acuerdo nacional debe recobrar su significado primigenio y su papel de instancia suprema para la vigencia de la democracia.