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Por: Redacción La Industria

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Publicada el 11/05/2021 - 05:37 PM

[Opinión] ¿Socialismo comunista o neoliberalismo ultra?, por Carlos Luna Rioja


El capitalismo y el socialismo han fracasado como modelos de Estado, porque sus fundamentos ideológicos y pragmáticos han deshumanizado el mundo y ambos se han pervertido en el submundo de la corrupción.

Decirles comunistas no les agrada a los líderes de la izquierda, si no lo son, entonces resulta innecesario un modelo socialista, pues Marx y Engels ideológicamente plantearon que el socialismo es el tránsito hacia el comunismo: éste es el fin del marxismo, y el socialismo es la dictadura del proletariado para consolidar el comunismo. En la praxis, Lenin, Stalin, Mao, Abimael (frustrado intento) y otros levantaron esa bandera para llegar al poder e imponer un Estado socialista que los condujera a una sociedad comunista; sin embargo, hasta hoy ninguno de ellos llegó al comunismo (a más de un siglo de la revolución Rusa con Lenin en 1917); resulta evidente que el comunismo es una utopía y que el socialismo causó más pobreza y corrupción en los países que hicieron la aventura, de tal modo que ante el fracaso tuvieron que dar la vuelta; los ejemplos están a la vista: URSS el 85` con Gorbachov implementó la perestroika, un plan estratégico neoliberal para salir de la pobreza, la corrupción y el alcoholismo del buró, igual China, Checoeslovaquia, Rumanía, Polonia, Alemana Oriental, Yugoeslavia, etc. Sí, corrupción, igual que los seudosocialistas de Fidel, Chávez, Maduro, Correa, Morales, Fernández, Bachelet, Lula, Ortega, etc., en Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Argentina, Chile, Brasil y Nicaragua, respectivamente. Y llamo seudosocialismo por que a sabiendas de que el modelo no funciona, lo utilizan para enriquecerse ellos y empobrecer al pueblo, utilizando la imposición de una dictadura perpetua, pervirtiendo a las fuerzas de seguridad, a quiénes los hacen cómplices de su corrupción. Entonces, no me vengan los cerronistas-castillistas con el doble discurso, por un lado, el prepotente de Cerrón y seguidores que lanzan sus amenazas contra quiénes se les oponen en democracia, para luego, ya en el poder exterminarlos; y en el otro lado, un “humilde” maestro ignorante de gestión pública, economía, educación, manejo en salud (pandemia), seguridad pública; y para lograr su propósito, promueven la lucha de clases  como motor de tránsito hacia el poder político, donde cambiarán la constitución, revisarán los tratados internacionales, nacionalizarán los sectores estratégicos a sabiendas que el peor gestor empresarial es el Estado. Para hacerlo no escatimarán esfuerzos en romper el orden democrático, ausentarán la inversión privada, nos aislarán de la comunidad internacional; generando más pobreza, desempleo, inflación, devaluación, gasto de las reservas netas, y perpetuándose en el poder al más puro estilo Castro, Chávez y Maduro, bajo un socialismo arcaico y derrotado, porque hasta en China, en Rusia y en Vietnam adoptaron políticas del libre mercado, economía abierta, y han salido adelante con asombrosa rapidez.

Tampoco les gusta que los comparen con Cuba y Venezuela (pero son fieles admiradores de los Castro y Maduro), ahora invocan el socialismo del Ecuador, Bolivia, México y Argentina; éstos países se han caracterizado por alternarse los modelos neoliberal y socialista, mientras el liberal generaba riqueza macroeconómica, el socialista llegaba para repartirlo y “quedar como buenito” hasta que ya no les quedaba nada y la oposición neoliberal volvía a pedido de un pueblo frustrado, y así se sucedían, cual solucionadores de los problemas territoriales. Ambos sistemas sumidos en la corrupción e incapacidad para lograr el desarrollo humano.

En Argentina cunde el desánimo social por la crisis económica: el incremento del desempleo, pobreza, inflación, deuda pública y devaluación monetaria; caída de las reservas netas y del PBI. En Ecuador no están conformes con el socialismo de Correa, tanto así que hoy han virado a la derecha de Lasso; el decenio de Correa arrojó los siguientes resultados: contracción del PBI, caída del consumo, deterioro del empleo, la agricultura-manufactura-comercio-construcción se fueron a la baja; la deuda pública se incrementó en 38%. En México, López Obrador fomenta el rencor social de su pueblo para generar la lucha de clases, ha caído la economía, se ha incrementado la pobreza, muchas empresas han quebrado, desmotivan la inversión privada, caminan al estatismo, y plantean el cambio de la constitución. En cuanto a Bolivia, concluido el boom de las materias primas del 2014, Morales recurrió a un elevado gasto público y un creciente crédito interno para mantener un alto crecimiento económico; sin embargo, estas medidas ocasionaron el aumento de la deuda pública, la reducción gradual de las reservas internacionales y los ahorros fiscales, acumulados en la bonanza; la crisis sanitaria desnudó sus debilidades estructurales como la poca preparación del sistema de salud, la falta de focalización de los programas de protección social, la insuficiencia de los amortiguadores macroeconómicos y la alta informalidad laboral. No me vengan pues que cerrón-castillo harán del Perú la símil ecuatoriana, boliviana, mexicana o argentina, porque allí también se cuecen habas, y muy mal.

Desde la otra ladera, los gobiernos neoliberales y corruptos de nuestra historia republicana han sido los causantes de este resentimiento y frustración social, por que han propiciado el caldo de cultivo para la confrontación y búsqueda de alternativas mucho más nefastas, como el seudosocialismo. Todos los gobiernos, sin excepción (de derecha, centro o izquierda), convirtieron al Perú en una veleta, que se alinearon como cola de furgón al capitalismo o al socialismo, con una alta dosis de corrupción. Eso reclama hoy la gente, los ignorados por el Estado y los ignorantes de la historia que como loros repiten frases con o sin sentido, pero que nunca aprendieron a tener juicio crítico para analizar con fundamentos ideológicos y pragmáticos los acontecimientos de la historia del Perú y el mundo. Critiqué siempre el modelo friedmaniano, que prohíbe la intervención del Estado como ente regulador de las actividades políticas, sociales, económicas, ambientales, tecnológicas, científicas y de mercado; que postula por la mano negra del mercado que fantasmalmente lo regulará; utopía e insanía a la vez: jamás el consumidor va estar en igualdad de condiciones para negociar con los mercantilistas monopólicos u oligopólicos. Miremos hoy, como en plena pandemia el sector farmacéutico, clínicas privadas, laboratorios y productores de oxígeno medicinal, incrementaron fabulosamente sus arcas a costa de un pueblo que se moría demandando estos productos en el intento por salvar la vida de familiares y amigos. Esta es la insanía del otro modelo, por eso sostengo desde hace 35 años: el capitalismo y el socialismo han fracasado como modelos de Estado, porque sus fundamentos ideológicos y pragmáticos han deshumanizado el mundo y ambos se han pervertido en el submundo de la corrupción.


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