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Por: Redacción La Industria

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Publicada el 13/08/2021 - 12:20 PM

[Opinión] Profetas y herejes, por Juan Vásquez


Con la propuesta concreta del ingreso libre a las universidades planteada esta semana por la Universidad Nacional de Trujillo, se iniciará, con seguridad, un intenso debate sobre su pertinencia o controversia.

Con la propuesta concreta del ingreso libre a las universidades planteada esta semana por la Universidad Nacional de Trujillo, se iniciará, con seguridad, un intenso debate sobre su pertinencia o controversia. Por lo pronto la UNT ha pedido convertirse en centro piloto y similar postura ha mostrado la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, decana de América. En uno y otro caso se arguye el prestigio ganado a lo largo del tiempo, pero, un gran sector de ciudadanos lo interpreta en sentido contrario: justamente por esa reputación institucional ven el “ingreso libre” a la UNT como amenaza y un obsequio a la mediocridad educativa universitaria. El tema es muy sensible y complejo a la vez. Su tratamiento no es solo académico, conforme lo demuestran experiencias en América Latina para no ir a otros contextos en el mundo. Se toma como referencia al sistema educativo universitario argentino con su “ingreso irrestricto o libre”; sin embargo, el modelo sureño es desde hace décadas tema de discusión en el ámbito educativo y en toda la sociedad argentina. Tradicionalmente las exigencias para ingresar a la universidad en dicho país era el título de egresado de la educación media y aprobar un examen de ingreso. Los requisitos eran establecidos por cada universidad. El acceso irrestricto, es decir, sin prueba de admisión, se implantó en 1973, hace cerca de medio siglo, sistema que fue eliminado en 1976 por el régimen militar y reestablecido en 1983, ya en democracia. A partir de allí, tal como ha sido analizado y explicado en profundidad por el arquitecto y sociólogo argentino Víctor Sigal-seguido por investigadores como Mabel Dávila o María Paula Pierella, entre otros- se instauraron en Argentina relaciones falaces que hasta ahora subsisten entre “examen de ingreso- inequidad-dictadura” y “apertura-equidad-democracia”. Esta polémica de la admisión irrestricta vigente en Argentina ha fraccionado a la sociedad entre profetas y herejes. Los primeros-según Sigal- no admiten evidencias contradictorias a sus pensamientos estereotipados. Los segundos, son acusados desde economicistas, elitistas sociales o nostálgicos aristocráticos. Los argentinos han comprendido, finalmente, que cuanto más abiertos son los sistemas de admisión, mayores son las tasas de deserción, como ocurre también en Uruguay y en Bolivia. ¿Cuál modelo puede reemplazar al existente en nuestro país? Comienza la polémica.



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