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Cecilia de Orbegoso es trujillana radica en Londres.

Por: Redacción La Industria

PLAN B

Publicada el 10/10/2021 - 10:11 AM

[FÁBULAS URBANAS] Sin tiempo para sufrir, por Cecilia de Orbegoso


Nos encontramos en esa época del año en la que, incluso a pesar de que aún no haya caído la primera hoja seca, ya se puede sentir el cambio de estación. El aire ahora está fresco, la lluvia, elemento perenne en Londres, pareciera caer vindicativamente y en las calles ya se puede notar la ausencia de ese andar parsimonioso tan característico de los meses de calor.

Nos encontramos en esa época del año en la que, incluso a pesar de que aún no haya caído la primera hoja seca, ya se puede sentir el cambio de estación. El aire ahora está fresco, la lluvia, elemento perenne en Londres, pareciera caer vindicativamente y en las calles ya se puede notar la ausencia de ese andar parsimonioso tan característico de los meses de calor.

Mientras buscaba en mi closet y me esmeraba en decidir cuales de mis atuendos de media estación pasaban la valla para ser parte de mi nuevo look de temporada, no podía evitar pensar, no sin cierto grado de desasosiego, que los cambios de clima rara vez llegan solos, ya que generalmente traen consigo un sinnúmero de transformaciones.

Así fue como, un par de noches después y sintiéndome algo friolenta, me levanté en medio de la madrugada a buscar una frazada. Dado que ya me encontraba con un ojo abierto y el otro cerrado, aproveché en revisar mi celular, y, a pesar de haber visto mi WhatsApp antes de irme a dormir, un par de horas atrás, me encontré con un mensaje de mi amiga Jimena, miembro de uno de los chats mas activos que tengo. "Mercurio anda limpiando todo para crecer". 

Esta francamente críptica declaración tenía algo mas de sentido tras leer el impecablemente redactado mensaje del muchacho con el que había estado obsesionada todo el verano. Él, de modo casi poético, le había explicado las razones por las cuales la iba a dejar de ver y, no contento con ello, lo había hecho de una manera tal impecable y artística que Jimena no estaba segura de si le tocaba recriminarle su súbita y totalmente unilateral decisión o felicitarlo por sus latentes dotes literarias. 

Cabe resaltar que en ese grupo, un tanto esotérico, Jimena era la encargada de mantenernos al día con los cambios en el calendario cósmico (o, como lo llamaba ella, "el calendario más atinado para organizar la vida”) y las implicancias emocionales que trae consigo este último retroceso del vecino del sol.

"Suena como una persona honesta (sea cual sea la verdadera razón) y que sabe manejar las expectativas. Dentro de todo lo respeto, porque la vía fácil es ser avoidant y ghostear a la persona" contestaba Edgardo, nuestro querido amigo recientemente autodeclarado vegano, quien, al darse un descanso de su meditación madrugadora, se tropezó al igual que yo con el mismo mensaje.  "Agradécele a Mercurio. Total, si la vida te manda una persona equivocada en una relación, probablemente era la necesaria para tu evolución". 

Yo, después de apresurarme a respaldar la opinión de Edgardo y, de paso, ofrecer mis felicitaciones por esta maravillosa oportunidad de crecimiento personal que se le presentaba, me decidí a intentar dormir un par de horas más. Ya echada en mi cama, sin embargo, mi mente no dejaba de divagar hacia la idea de la astronomía, la astrología, y ese concepto loco llamado destino al cual le atribuimos la responsabilidad del curso que toman nuestras vidas.

Si las palabras de Edgardo fueran ciertas, ¿significaría esto, acaso, que cada uno de nuestros besos, romances, affaires y corazones espinados estaban de antemano preordenados en alguna especie de catálogo cósmico? ¿O, incluso mas aterradoramente, será que un simple paso en falso basta para sacarnos de nuestra trayectoria predestinada y súbitamente dispararnos a orbitar dentro de otra galaxia? ¿Y de ser así, seguiría siendo obra del destino el que que nos escapamos de nuestro camino? 

Aproximadamente una hora mas tarde, recibí una llamada de Victoria (aquella de quien he escrito las más recientes semanas). 

Me estaba contando que la noche anterior había ido al cine después de años, recalcando que la última vez que puso pie en una sala, fue para ver Downton Abbey con su hermana Fortunata. En esta ocasión la última película de James Bond por fin había llegado al cine y el más cinéfilo de sus amigos, Gerardo, le había pedido por favor que lo acompañe a ver la que, le prometía él, pronto seria calificada como la mejor de las aventuras del agente 007. 

Luces apagadas e instalados cada uno en su butaca , el "sin tiempo para morir" rápidamente se convirtió en un"todo el tiempo del mundo para viajar" ya que las locaciones de la película eran impresionantes, por decir poco. La película se acercaba a su clímax y la concentración de Gerardo llegaba a niveles como los que no había visto en un hombre desde mayo del 2021, cuando su amiga Leonor la convenció de ver la final de la Champions en un bar en pleno centro de Londres. Sin embargo, Victoria, se encontraba impactada por motivos completamente distintos. No había probado aún ninguna canchita, pues se había dado cara a cara con la cruda y ahora nostálgica locación que para ella  venía a representar el sur de Italia, en donde en ese mismo instante rendían su amor Daniel Graig y su chica Bond. 

Y es que Giovanni, el sexagenario a quien previamente he mencionado en esta columna, había confrontado sus temores para finalmente llegar a una conclusión: simplemente no podía sobrellevar el factor "diferencia de edad". No sabemos a ciencia cierta cómo se siente el, solo podemos especular,  pero si me queda claro, tanto a mi como a nuestro  grupo de amigos más cercanos, que Victoria no lo deja de pensar. Cuando nos juntamos todo el grupo y tomamos algo, ella aun busca como mencionarlo, y no me sorprendería que de noche ella se despierte abrazando a su almohada recordando su voz, según ella, "tan bella, extraña y etérea”. 

 Dicen que en el cataclísmico evento en el que mercurio retrogrado toca la puerta, uno debe mantener la cabeza fría, dar oportunidad a que se abran nuevas puertas y no dejarse llevar por las emociones. Así fue, que, en plena sala, Victoria, después de ver morir al agente 007, no pudo evitar preguntarse ¿porqué seguía haciéndose eso? Dado que esta  pseudo relación traía consigo muchísima desilusión,  si seguía caminando por esa tan difusa línea, ¿podría considerarse una optimista, o era simplemente una masoquista? al hablar de relaciones, ¿cómo saber cuando ya es suficiente? 

Una vez terminada la película, Victoria y Gerardo caminaron por Mayfair juntos un rato, y luego fueron por un vino. Cabe recalcar, ambos estaban muertos de frio, y es que nos guste o no, el verano hace un par de semanas había desparecido. Después de todo, las estaciones cambian y nosotros también. La gente entra en tu vida y la gente se va. Pero es reconfortante saber que los que amas, en las buenas y en las malas, ahi siempre van a estar. Mientras tanto, ya más calentitos en un bar, Victoria le contaba a Gerardo, "no sé si alguna vez lo amé, o simplemente fui adicta a la idea de él”.


 


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